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EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL. Lo que es verdad es lo que ocurre no la historia sobre lo que deberia ocurrir. Cuando sufrimos la pregunta es: QUE ES LO QUE YO NO ESTOY ACEPTANDO. El no ser capaz de aceptar es la unica causa del sufrimiento.

23 de mayo de 2011

Las mujeres que aman ser mujeres y BRUJAS -Transcripcion-

Tengo 68 años. Nací y vivo en Los Ángeles.
Soy doctora en Medicina, analista junguiana y profesora de Psiquiatría en la Universidad de California.
Estoy divorciada y tengo dos hijos.
Iraq es Vietnam una y otra vez, es una pena que tengamos que aprender a través de tanto sufrimiento.
La espiritualidad une y las religiones dividen.
-¿Quejarse es perder el tiempo?
-¡Claro!
-Hay mucho que aprender…
-Por eso a mí me interesan las mujeres maduras, con humor y activas.
A partir de los 40 años empieza lo mejor si eres capaz de darte cuenta de la
cantidad de cualidades potenciales que hay dentro de ti.
Entonces te entran ganas de convertirte en bruja.
-No sé yo…
-Se lo diré de otra manera: una persona con poder personal.
-Eso me gusta.
-Las brujas sabias dicen la verdad con compasión, y no comulgan con lo
que no les gusta, pero no tienen la rabia de las mujeres más jóvenes.
Algunos hombres excepcionales pueden llegar a ser brujas, los que tienen
compasión, sabiduría, humor y no están supeditados al poder.
-¿Algo más?
-Sí, las brujas sabias son capaces de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor; son atrevidas,
confían en los presentimientos, meditan a su manera, defienden con firmeza lo que más les importa,
deciden su camino con el corazón, escuchan su cuerpo, improvisan, no imploran,
ríen, y tienen los pulgares verdes.
-¡…!
-Tienen mano con las plantas. Y también con los animales.
Primero aprenden a amar lo que hacen, luego alientan a otros al crecimiento.
Saben reconocer lo frágil y lo que tiene valor, y también lo que debe ser podado.
-¿Y hay que esperar a la vejez para ello?
-Cuanta más edad, más camino aprendido.
La observación compasiva de la vida de los demás te enseña mucho,
y las mujeres sabias se pasan mucho tiempo observando.
Hay casos, pocos, de sabias a partir de los 30 o 35, pero esas a los 60 son increíbles.
-¿Qué nos quiere transmitir?
-Que las mujeres tienen la oportunidad de cambiar el mundo en las próximas décadas. Pero
que si no lo hacen ahora, probablemente ya no lo harán.
-¿Por qué dice eso?
-Tras los extremismos de la revolución feminista, el péndulo está en el centro y las mujeres que se lo permiten pueden llegar
al equilibrio, a ser completas, fuertes y vulnerables al mismo tiempo.
-¿Un camino colectivo?
-Por supuesto. No tengo la menor duda de que un pequeño grupo comprometido puede cambiar el mundo.
En realidad, así ha sido hasta ahora.
-¿Y cuál es el secreto?
-El millonésimo círculo.
Yo aliento a las mujeres a formar círculos que tengan un componente espiritual.
Simplemente escuchando los problemas, anhelos y miedos de otras mujeres y contando los tuyos, adquieres fuerza.
-Perdone, pero por qué un círculo.
-Cuando uno está sentado en círculo y en silencio
se da cuenta de que hay una conexión espiritual con poder transformador.
Yo pertenezco a uno desde hace 18 años: encendemos una vela, guardamos silencio,
contamos lo que nos preocupa, debatimos, y juntamos nuestras energías con un propósito.
-¿Convocan el poder interior?
-Interior y exterior.
La espiritualidad, la física cuántica y el budismo dicen lo mismo: Todo y todos estamos conectados
y por tanto lo que cada uno haga influye en el mundo.
En los círculos de mujeres trabaja el campo mórfico, las teorías de Rupert Sheldrake.
-¿El centésimo mono?
-Sí, este biólogo desarrolló la hipótesis de que cuando una masa crítica de monos llega a un determinado conocimiento,
este se transmite de forma intuitiva e inmediata a los miembros de su especie.
Del mismo modo, un número crítico de círculos de mujeres pueden
realzar las cualidades femeninas tan necesarias para que el mundo cambie.
-¿Por qué no círculos mixtos?
-Entre mujeres hay una conexión natural.
Algunos estudios evidencian que cuando una mujer que sufre estrés habla con otra mujer,
ambas liberan la hormona de la maternidad que provoca que el estrés descienda.
-Curioso.
-Si las mujeres estuvieran implicadas en los procesos de paz,
todo sería más fácil, ¡pero si los que negocian son machos alfa!
-¿Qué ocurre cuando se encuentra un hombre estresado con otro?
-Cuando un hombre estresado se encuentra con otro, segregan testosterona,
lo que provoca o bien la huida o el enfrentamiento.
Pero si ese mismo hombre acude a una mujer que le comprende, una bruja sabia,
su adrenalina baja y su autoestima sube.
Y basta con que se siente a su lado.
-Es bonito eso que dice.
-Estamos llenas de recursos poderosísimos a los que no prestamos atención, como el conocimiento
intuitivo. Poderes que se pueden desarrollar en los círculos.
-Propóngame un viaje interior.
-Sea auténtica, sea consecuente con su persona interior y averigüe qué quiere hacer con su preciosa vida.
Desde fuera intentarán responder por usted a las preguntas esenciales, no lo permita.
Desvele qué tipo de arquetipo domina en usted.
-¿A qué se refiere?
-Sus patrones internos que yo resumo en siete diosas.
Cada mujer debe identificar a sus dos o tres diosas dominantes,
que van desde la autónoma Artemisa y la fría Atenea,
hasta la nutritiva Deméter, la creativa Afrodita o Hera, la diosa del matrimonio.
-No será tan simple.
-No, pero si podemos llevar una vida en la que el arquetipo y el papel que desempeñamos coinciden, nos sentiremos satisfechas

21 de mayo de 2011

O ENTERRAMOS A LOS DIOSES O LOS DIOSES NOS ENTIERRAN A TODOS

TRANSCRIPCION PARA LEER DESPACIO
AUTOR; MORENO

He escrito en forma figurada una frase que puede sonar altisonante o quizás inconveniente:
“O ENTERRAMOS A LOS DIOSES O LOS DIOSES NOS ENTIERRAN A TODOS” El fenómeno religioso es uno de los frenos más importantes para el proceso evolutivo del ser humano. A través de la Historia, diversas sociedades, deificaron a diversos personajes y crearon religiones repletas de normas, de reglas y de dogmas. Se definió a un Dios, que nadie vió. Se crearon cielos e infiernos. Cielos que premiaban a los que cumplían las normas e infiernos que castigaban a los que no se sometían. El cielo de unos es contemplativo y extasiado promete la observación de un “Dios” bondadoso, sin hacer nada. A mi me parece muy aburrido. Y en el infierno nos encontramos con un brasero de llamas incandescentes que nos queman por toda la eternidad.

Existen otros grupos religiosos que prometen en el cielo un montón de doncellas vírgenes a las que nos favorecemos por toda la eternidad. No

está muy claro si a las mujeres de estas religiones se les da otros tantos mancebos de los que gozar. En otros grupos religiosos, el cielo parece ser un estado de conciencia donde nos integramos en un todo universal, perdiendo la identidad. Otros nos reencarnan de nuevo, incluso en animales. Dios es diverso en cada sociedad y en cada pueblo. Cada uno lo fabrica a su imagen y semejanza. Realmente nada ni nadie conoce a Dios, por tanto ante lo desconocido y por el simple respeto de no adentrarse en lo que nos supera en ciencia y conciencia deberíamos dejar esta concepto para que cada uno lo sienta y lo entienda de una manera subjetiva. Lo curioso es que sin conocer nada, sin saber nada, todas las opciones religiosas han nombrado ministros, sacerdotes, imanes e intermediarios entre los pobres humanos y los dioses inventados.

Estos ministros de dios han llegado a tener tal poder, que episodios históricos como la inquisición o las represalias ante apostasías, herejías y revoluciones nos muestran asesinatos inenarrables e impropios precisamente del dios al que representaban. Los dogmas de cada norma religiosa siempre han estado enfrentados y aún los están con la ciencia y el progreso científico. Es así que las hogueras, las cárceles y los patíbulos han estado regados de sangre de hombres progresistas, científicos y librepensadores que opinaron en contra de la irracionalidad y del dogmatismo intolerante de dichas castas sacerdotales. Religión etimológicamente viene de reglar o de crear reglas. Es por esto que el espíritu en la religión se ve prisionero de dichas normas de reglas y de dogmas y misterios que frenan la intuición y la percepción de dimensiones sin fronteras, sin límites y sin frenos. El espíritu no tiene reglas materiales, pues no está hecho de materia ni recibe premios materiales. Espiritualidad es sinónimo de pasividad y no de acción. Se pondera como espiritualidad la contemplación, la no acción y la vida sometida a la introspección profunda. Es curioso ver a un monje en meditación profunda mientras las ratas se pasean por encima de sus túnicas creando infecciones a miles de niños, que no tienen lo necesario para vivir.

Ghandi decía: “como quieren que hable a los hindúes de Dios, si para los indios, Dios es un trozo de pan y de mantequilla”. Dejar pasear a las vacas sagradas por las avenidas de las ciudades necesitándolas para comer no deja de ser una incongruencia para los occidentales, pero algo sagrado para los orientales. Ahora bien: ¿Y qué tiene que ver todo esto con Dios?….. Mandar un capellán castrense a bendecir un submarino con misiles atómicos a bordo, ¿Qué tiene que ver con Dios?… ¿Qué es una guerra Santa? ¿Es que hay alguna guerra Santa?… ¿Qué Dios proclama la oblación del clítoris? ¿Qué norma sagrada, ética o moral, puede autorizar el apedreamiento de una mujer por adúltera?…. ¿Qué dios ha mandado la circuncisión? ¿Quién ha visto a Dios creando reglas sobre el sexo?

NO ME INTERESA EL SER ESPIRITUAL NI EL SER RELIGIOSO, PREFIERO EL SER EVOLUTIVO, QUE UTILIZA LA RAZÓN, LA INTELIGENCIA Y LA CIENCIA, REVESTIDAS DE HUMANISMO. Sería deseable abolir las religiones, creando una ética simple, que propicie la justicia, la paz y el amor. Sería deseable practicar la virtud, pero de la mano de la ciencia, de la inteligencia, de la razón, del aprendizaje histórico, de criterios sanitarios adecuados, de recomendaciones psicológicas equilibradas y de beneficios materiales necesarios y no superfluos. Humanicemos a los dioses y divinicemos a los hombres. Y de una vez por todas, sería deseable, que sacerdotes, imanes, monjes, intermediarios, contactados y profetas, se pusieran a trabajar en la tercera dimensión, produciendo pan y mantequilla, dejando la cuarta dimensión, y a Dios y lo sagrado que sean descubiertos por cada uno de los seres humanos. ¡Derriben Vds. los templos de piedras, pues el verdadero templo es personal, es de carne y hueso, donde brilla la luz del espíritu individual, libre e intransferible, adornado de la práctica de la virtud! En algún momento de la Historia tendremos que asumir nuestro fracaso. Todas las religiones de la Tierra no han impedido que se nos mueran más de 20.000 niños de hambre al día. Que la guerra, la injusticia, la droga, la enfermedad, la codicia y otras tantas lindezas humanas rellenen los telediarios de todo el mundo.

Lo curioso es que las propias religiones tienen sus propias vías de escape, pues para algunos, el hecho de que un niño se muera de hambre es simplemente Karma (castigo de su vida anterior) El que es víctima de enfermedad se asemeja a su Dios que sufrió aún más y que con su dolor redimió al hombre en su pecado; es por esto que cualquiera de nuestros dolores nos identifica por debajo con el arquetipo sufriente que hemos creado como Dios. Hay religiones que son todavía más pintorescas puesto que por el hecho de nacer, ya tenemos pecado; es decir, que solo si Dios nos redime podemos salvarnos de las llamas del infierno. Solo con una ceremonia podemos redimirnos del pecado original. Sería deseable dejar a los recién nacidos en paz. Los niños no tienen pecado original, puesto que nacieron del amor, de la voluntad de sus padres. Nacieron inocentes, bellos, cariñosos, tiernos y adorables. No concibo a ningún Dios que atribuya a un niño que viene inocentemente a la vida cualquier pecado.

Sería interesante descubrir a Dios en la medida que se cumplen las leyes naturales primordiales de la vida en su derecho natural. Solo cuando no matemos, no robemos, no mintamos, etc, etc, la sociedad podría escalar en la búsqueda de conceptos más elevados como cooperación, solidaridad, ciencia consciente, etc, etc, Finalmente entraríamos en las ciencias de lo imponderable de la profundidad del Cosmos, de la inmortalidad. Y al final, como raza autorrealizada consciente y evolutiva no buscaríamos a dios en los cielos o en la invisibilidad sino que dios viviría en la paz, en el amor, en la justicia, en el progreso, en cada uno de nosotros, en cada átomo de un planeta redimido de dolor y de sufrimiento. Dios nos hablaría a través de la ternura de los maravillosos sonidos de un niño llamando con su lengua inexperta a su mama. En la mirada de un ser sano que vive sin miedo, en las lágrimas que se vierte al escuchar la sinfonía de la vida. En el vuelo cadencioso de la mariposa o en la ternura infinita del abuelo guiando con exquisito cuidado los primeros pasos de su nieto. Hemos escrito también:

EXPERIENCIA Nº 29.- ESPIRITUALIDAD O EVOLUCIÓN

Existen religiones, centros culturales, grupos de personas con filosofías ocultas o iniciáticas, pero sobre todos ellos, en un plano imponderable, más allá del mundo de los sueños, existe un templo, cuyas paredes no son de piedra, sino de prana puro. Es el lugar sagrado donde se reúnen desde hace miles de años, “Los hijos del Sol”. Basta con desdoblarse, dejando el cuerpo físico en estado cataléptico, para desplazar el cuerpo astral, hacia los rincones del “no tiempo” y penetrar en el Templo del Sol. Este templo está asistido por seres de altísima evolución provenientes de los rincones más alejados de la Galaxia.

Maestros ascendidos, que habiendo terminado su ciclo de reencarnaciones físicas en la Tierra, habrían aceptado servir como profesores en dicho templo, reciben a los iniciados que han podido romper las cadenas de los apegos materiales. Seres asombrosos, con miles de millones de años de evolución, acuden a dicho templo a las reuniones qué, siguiendo el ciclo astral planetario, se convocan para perpetuar el conocimiento sagrado, e impulsar la actividad de la Fraternidad de los Hijos del Sol.

Tal y como decía Einstein, existen pasillos o agujeros entre los universos o diversos planos existenciales. En la misma medida, desde el plano de la conciencia, existen centros de conocimiento atemporales, donde los diversos estratos de sabiduría se conectan. Cada iniciado, puede y debe escalar dichos planos, almacenando en su espíritu, las experiencias de las diversas reencarnaciones y los periodos post-morten, que siguen a las mismas. Todos los seres humanos han tenido sueños o percepciones de estos templos. Es común describir templos con columnas donde se ha accedido en tal o cual sueño. Templos llenos de luz, con seres vestidos con túnicas. Lugares donde cientos o miles de personas se reúnen, pero con atuendos, caras y fisiognomías extrañas y atípicas para la percepción humana. Aulas en forma de media luna, donde se celebran acontecimientos, asambleas y acuerdos. Es también común escuchar percepciones o sueños, donde tal o cual persona, ha sido llevado a una ceremonia, donde le han besado en la boca o le han señalado en la frente, incluso le han puesto un medallón. Otras narraciones hablan de experiencias oníricas muy profundas, incluso traumáticas, en las que les ha sido introducido un extraño objeto o piedra preciosa en el entrecejo o en el pecho.

En la medida que nuestro cuerpo y existencia material tiene su lógica, y su biología vivencial; el espíritu, vive en el cuerpo realizando experiencias que le den el conocimiento. Pero nos volveríamos locos, si fuéramos capaces de recordar todos y cada uno de los sueños y experiencias oníricas que se dan en la negrura de la noche. En un determinado momento este viaje al otro lado, se puede hacer consciente.

Algunos viajeros de principios del siglo pasado, como Roerich, se quedaron perplejos cuando lamas del Tíbet describían tal o cual calle de New York o los palacios de San Petersburgo, sin haber salido jamás de las altas cumbres de los Himalayas. Pero el asombro era mayor, cuando estos seres, con una disciplina profunda en el desdoblamiento del cuerpo, hablaban de otros planos de existencia, de planetas habitados, de seres que viajaban en extraños vehículos espaciales por todo el Universo. De templos de conocimiento, donde se recibía la luz del espíritu, que al ser humano le hace consciente de la sabiduría divina.

Yo también acudí a dicho templo. La experiencia, fue corta en su vivencia, pero en el regreso a la vigilia consciente, se dispararon en mi cerebro miles de imágenes, razonamientos, reflexiones, que ahora mismo tengo dudas de poder verter, tal y como las concibió mi espíritu. Y es que el conocimiento que se recibe en la cuarta dimensión, resulta imposible o extremadamente difícil, verterlo en el plano humano. Pero no solo resulta difícil, sino peligroso, incluso arrogante o en cierta medida subversiva. Es por esto que he tenido dudas en contar estas vivencias, pues pertenecen, más a mi plano subjetivo, que al conocimiento común. En cualquier caso, no dormiría tranquilo sin contarlo, pues quizás a unos pocos le valga, no tanto para que acepten cuanto cuento, sino como acicate para cuestionarse su vida, su conocimiento y sus principios éticos y espirituales. De antemano, debo pedir perdón, para quienes se sientan heridos en su fe.

Era de noche. Estaba durmiendo plácidamente. En un momento vi como mi cuerpo se desdoblaba. Fui llevado a una sala, donde había baldosas blancas y negras en forma de rombo. Aquella sala era un lugar de iniciación. A mi derecha estaba mi madre y frente a mí, estaba mi maestro. Luego, con la desaprobación de la madre, mi maestro me besó en la boca. Su beso sabía dulce, aunque en mis entrañas sentí el amargor de algo que removía mis

órganos. –Este eres tú- Me dijo, y al instante, vi que era viejo, con barba y pelo blanco, pero además de ser viejo, era sabio, inmensamente sabio. Fue este anciano, que al parecer era yo o habita en mi, quien acudió al templo antes citado. Allí fui recibido por tres seres casi idénticos, que con trajes luminosos me miraban con una ternura infinita. Me entró una gran congoja al ver que yo era insignificante ante aquellas entidades.

He dicho al principio que esta experiencia es corta. Realmente fue así, puesto que una voz, que salía de los tres a la vez, y que yo escuchaba sobre todo en mi cabeza, me dijo: “No nos gusta el ser espiritual, sino el ser evolutivo” Y aunque parezca mentira, aquí termina la experiencia onírica. Lo más terrible, fue volver a la vigilia de la mañana siguiente, puesto que al despertar, todo lo que estaba a mi alrededor, comenzó a manifestarse de otra manera, Cada cosa me hablaba y me hacía sentir incómodo, puesto que comprobaba la forma de vivir y de pensar del ser humano y me sentí avergonzado. Todo adquirió una dimensión renovada, que chocaba contra mis principios morales, que yo pensaba que eran sólidos y bien estructurados. Simplemente, no hemos entendido nada, pero lo más grave, es que morimos y nos matamos en nombre de nuestros errores y concepciones morales, espirituales y religiosas. Voy a intentar poner palabras a las sensaciones que viví después de aquella insignificante experiencia. Imaginad un carpintero de hace dos mil años. En su taller tenía madera, incluso varias variedades de madera, clavos, herramientas y por supuesto el ingenio necesario para hacer sillas curvas, planas, grandes, pequeñas, artísticas, etc. Etc. incluso lograba hacer verdaderas obras maestras, ingeniosas y avanzadas a su tiempo. Pero siempre terminaban por ser sillas de madera, con incrustaciones de metal, de nácar o de oro.

Imaginad ahora un carpintero, con las mismas habilidades, pero dos mil años más tarde; es decir, un carpintero de nuestro tiempo. Este artesano con la misma pericia que el antiguo, podía, no obstante, hacer la silla de plástico, de aluminio, de metacrilato. Combinando cientos de miles de variantes, en la medida que no solo tenía clavos y madera, sino todos los elementos que la ciencia y la investigación, ha conseguido descubrir en estos dos mil años que separan a ambos.

El primer carpintero es un “artista espiritual” el segundo es un artista igualmente, pero más evolucionado. La diferencia por tanto está en la experiencia acumulada en el segundo, que es superior al primero. No es mejor el uno que el otro, ni bueno ni malo, sino simplemente más evolutivo, más viejo y por tanto con más recursos. Este pequeño ejemplo me da pié a juzgar comportamientos entre lo espiritual y lo evolutivo, que sigue el mismo patrón; es decir, tiempo, evolución y experiencia. Voy por tanto a desvelar teorías que pueden parecer heréticas, en la medida que parecen agredir a la doctrina, cuando simplemente son reflexiones basadas en el conocimiento de seres que han caminado hace miles o millones de años por nuestro tiempo. Lecciones, que son impartidas en el templo de “Los hijos del Sol”

Tomemos el ejemplo de un ser altamente espiritual. Se me ocurre un místico ejemplar o un santo incuestionable de nuestra Historia. Por ejemplo: San Francisco de Asís.

Este ser calificado de místico o espiritual, renunció al mundo, a la riqueza, a la cultura popular de su época, al amor de su enamorada. Se despojó de todo, caminaba desnudo. Abrazaba a las fieras. Sublimó la pobreza y la renuncia de la vida, para someterse al auto-martirio, al retiro y a la miseria. Murió de tuberculosis joven, pues los excesos que realizó en nombre de Cristo pudieron con su vida. Este ser por celo a dicho amor, viajó a oriente a intentar convencer a monarcas y clérigos del error de sus respectivas doctrinas, invitándoles a abrazar la religión cristina. San Francisco de Asís, reprodujo los estigmas de Cristo y finalmente creó una orden de clérigos que siguieron su ejemplo, con el voto de pobreza, de castidad y de renuncia. Este santo es uno de los más venerados de la cultura Católica, Este ser es esencialmente la expresión de un ser espiritual. Pero siendo espiritual, San Francisco de Asís, no responde al patrón de un ser evolutivo; más bien por el contrario. Resulta ser contrario al plano de lo correcto, de lo equilibrado y de lo que los seres superiores entienden como evolutivo.

Desde el punto de vista evolutivo, sacrificar, martirizar, o atentar contra el cuerpo físico es un gravísimo delito. Pues el cuerpo es la mejor herramienta que tiene el espíritu para experimentar. Comer lo correcto, hacer ejercicio físico, realizar tareas psicosomáticas para que nuestro cuerpo este sano, es un deber, además de un derecho sagrado. Pero desde el punto de vista espiritual darse latigazos, pasar privaciones de hambre o poner cilicios punzantes para mortificar la carne es bueno. Sobre todo si se hace en nombre de Cristo. Tengo la absoluta seguridad que Cristo, no autorizaría de ninguna manea realizar en su nombre todas estas vejaciones. San Francisco de Asís, no podía sino seguir el modelo de su dios. Si el murió en la Cruz por todos nosotros, pues yo debo imitarle muriendo en una o mil formas diversas. Estos comportamientos responden a un proceso espiritual basado en una forma de cultura, a un modelo ejemplarizado de Cristo, pero no solo no es evolutivo, sino que es contrario a toda forma de progreso armónico. Debo razonar esto desde un punto de vista psico-social para que veáis la diferencia entre lo espiritual y lo evolutivo.

En una sociedad superior; es decir de carpinteros que han avanzado varios miles de años que nosotros, es inconcebible que un solo miembro de su comunidad, planeta o sociedad se muera de hambre. Si esto ocurre, se para todo, se cuestiona todo, se retoma todo proceso ético, puesto que para ellos cuando un hombre muere de hambre, muere Dios, en igual medida. Pues Dios, es todo, está en todo y se realiza colectivamente con todo.

En la sociedad terrestre, y sobre todo en las sociedades antiguas, al darse terribles desigualdades sociales, debían de buscar un sistema psico-social, incluso religioso, que les permitiera vivir, sin cuestionarse o parar la evolución colectiva. Así pues si un pobre se muere de hambre en la India; no es sino el resultado de su Karma; es decir, de su pecado de la vida anterior. Y si se muere de hambre en occidente, al ser la pobreza algo que realiza espiritualmente, incluso buscado por el propio San Francisco de Asís, pues resulta aceptable, incluso virtuoso. Siempre está el plano comparativo por el cual, si tal o cual desgraciado sufre, muere o pasa privaciones; más sufrió, más padeció y más renunció, el arquetipo cultural llamado Dios, que es Jesucristo. Por tanto tuvieron la necesidad de trasladar una religión basada en el dolor, en la sangre y en la muerte, puesto que de esta manear, la sangre, dolor y muerte social, parecía responder a algo previsible, deseable incluso necesario. Es por esto que la pobreza, puede ser incluso el mejor camino para alcanzar la virtud. Pero en una sociedad evolutiva, la pobreza engendra miseria, desigualdad y resentimiento, retrasando el progreso y la evolución colectiva. En una sociedad positiva se para la vida si desde su estrato social, emerge algún acto de dolor, de pobreza o de muerte. Siguiendo ese modelo “espiritual” la renuncia al sexo; es decir, la práctica del celibato, acerca a Dios. Por supuesto acerca a un Dios de renuncia, un poco masoquista. Así pues San Francisco de Asís, entendía que si rechazaba a su amada, podía conseguir acercarse más y mejor, al Dios que le habían trasmitido sus padres, sus sacerdotes o las escrituras.

Pero desde el punto de vista “evolutivo” renunciar al sexo no solo no es espiritual, sino contrario al proceso de crecimiento de la especie. Todo ser de una sociedad superior, debe cuidar su cuerpo, su alma, su espíritu, para realizar en el momento preciso, el acto más sagrado de la evolución; es decir, trasladar la vida, la cultura, la inteligencia y el aprendizaje experimentado en un niño, que seguirá en la misma media y modo, haciendo progresar la raza en el vasto Universo que nos contempla. En la sociedad evolutiva la práctica del sexo, sigue un patrón perfecto, no degenerado, puesto al servicio de la perpetuación ascendente de su especie. Pues si en un campo no se da la polarización, no se mezcla especie con especie, muere la vida y todo se queda yermo. Desde el punto de vista psico-social, el poderoso, con recursos adecuados, podía y debía tomar como esposas a una o varias de ellas. Así pues, que Mahoma tuviera una treintena de esposas, es para sus seguidores un acto de compasión y de amor a esas pobres mujeres desvalidas. Mientras que en occidente, si eres pobre y no puedes mantener esposa, pues deberás frustrar tu deseo, haciendo que tú renuncia sea santa y te eleve a dios. Así pues el poderoso, con muchas esposas, complace a Dios por ser generoso y caritativo antes las indefensas mujeres y el pobre, renunciando a la esposa, se hace santo por la práctica del celibato sagrado. De esta manera la locura social, sigue adelante, complaciendo a Dioses y hombres.

En un modelo evolutivo esto es aberrante. Simplemente porque la mujer en estos modelos sociales no deja de ser un pseudo-animal, sin dignidad al servicio del hombre. En las sociedades superiores, el hombre y mujer, desde el plano de la absoluta igualdad y dignidad, resuelven reflexivamente seguir el consejo de su corazón y de los sabios para tener un hijo perfecto, en forma perfecta y por supuesto inmensamente feliz. En una sociedad evolutiva, no es concebible tener un hijo, si el padre o la madre tienen taras físicas o psicológicas, si no se dan las condiciones sanitarias adecuadas o si existen limitaciones alimentarias o de recursos materiales. Esto es un acto tan sagrado, que compromete no solo a los padres, sino a todas las fuerzas sociales.

En nuestro planeta, se dan procesos religiosos tan esperpénticos, que incluso la práctica del sexo, que es algo biológico y consustancial a la raza, debía ser manipulado y utilizado como arma de poder por las castas dominantes. Así pues se crea el modelo de “pecado” por el cual, el sexo, ya no pertenece tanto al hombre sino a Dios y por supuesto a sus representantes en la Tierra. Como la práctica del sexo es imposible pararla, pues se debe practicarlo pero siempre para concebir hijos. De esta manera es algo aceptable y querido por la doctrina. Cuando el verdadero pecado, no es la práctica del sexo, que es una función hormonal consustancial al ser humano, sino el concebir hijos de padres tarados, mermados poco preparados, sin recursos, sin medios y en condiciones indeseables para la dignidad del espíritu del niño. Imaginen Vds. Que al Estado o a tal o cual casta dominante, se les ocurra poner un impuesto, cada vez que practicamos el sexo. Bastaría con poner un simple neurotransmisor electrónico en los órganos sexuales para controlarlo. Sería un impuesto más. Bueno; de la misma manera, otra casta sacerdotal, a lo largo de la historia, ha puesto un elemento de control mucho más poderoso y más eficaz, que un electrodo. Me refiero al mecanismo de “pecado”. Si cada vez que practico el sexo, cometo pecado y me voy al infierno, mi vida puede ser tan atormentada que puedo llegar a somatizar patologías gravísimas, frustrando mi vida y la de los demás.

En una sociedad evolutiva el sexo no es un problema, pues el ser equilibrado sabe cuando, como y de qué manera puede y debe ejercitar las funciones fisiológicas que competen a su salud física y psicosomática. En una sociedad evolutiva no se amenaza a nadie con el infierno. Resulta ser un recurso de terror impropio de un ser evolucionado. Para las sociedades más experimentadas el infierno es la ignorancia y el alejamiento de la luz del conocimiento. En nuestras sociedades maniqueístas el cielo e infierno

son atributos creados en forma ficticia para premiar a los que se someten y castigar a los que no aceptan un orden humano equivocado. San Francisco de Asís, se aleja de la sociedad y de su cultura de su tiempo y se recluye en unas ruinas, haciendo un terrible esfuerzo, con frio, dolor, privaciones para asemejarse a su modelo cultura, doliente y sangrante de Cristo. Esto es heroico y altamente espiritual de acuerdo a nuestro patrón cultural.

Pero desde el punto de vista evolutivo esto es una aberración, que no solo no te acerca a Dios, sino al mal. El ser evolutivo de una sociedad más perfecta, no solo practica la virtud con equilibrio, sino que se rodea del vestido perfecto, de los hábitos, y alimentos perfectos. Tiene lo necesario, nunca lo superfluo y se cultiva proporcionalmente en la ciencia, en el arte, en la meditación, en la materia y en cualquier forma del poliédrico conocimiento de la ciencia y del espíritu. El ser evolutivo no solo no busca la soledad marginal, sino que práctica en forma equilibrada la cooperación de los demás y los periodos de auto-reflexión personal. En las sociedades evolutivas se sabe que todos los seres, no son sino un solo ser pensante, interconexionado y dependiente. No tiene por tanto sentido vivir aislado o intentar separarse el proceso sociológico de todo. San Francisco de Asís, imbuido del auto-convencimiento de que su opción religiosa es la correcta intenta convencer a otro hombre, que en igual medida estaba convencido que su dios era mejor, más perfecto y por tanto con la capacidad de compadecerse del infiel, que en igual medida trataba de convencerle de lo contrario. El proselitismo, llamado la evangelización es un modelo espiritual deseable y practicado por todas las iglesias de la Tierra. En el modelo evolutivo, ninguna sociedad más avanzada, impone en forma activa o pasiva sus ideas, su cultura o su ética a otra sociedad menos evolutiva. Las civilizaciones superiores saben que la sabiduría se conquista por el auto-convencimiento y el autodescubrimiento. Los seres elevados están siempre en la senda del progreso, y esperan pacientes a que otros más atrasados avancen en el camino por si mismos hasta reencontrarse en un plano participativo de igualdad.

El afán de las sociedades espirituales por imponer su criterio de salvación a otros, ha generado a lo largo de la historia guerras santas, cruzadas y lo que es peor inquisiciones asesinas con aberrantes crímenes, practicados en nombre de Dios. En las sociedades evolutivas nada ni nadie puede justificar la muerte de ningún semejante y menos en nombre de Dios. En una sociedad consciente, es imposible seguir manteniendo una estructura como la Iglesia, después de haber practicado crímenes crueles de quemados en la hoguera, asesinados, torturados y ajusticiados en nombre de Dios. La simple vergüenza personal y la reflexión de que Dios nada tiene que ver con estas abominaciones, haría replantearse la existencia misma del ser humano y de sus principios morales y por supuesto no manchar la imagen de Dios, manteniendo la misma estructura asesina.

En las sociedades espirituales y en las diversas religiones, se personifica a Dios en hijos predilectos, profetas salvadores, mesías redentores, etc.etc. El ser humano adora a seres antropomórficos, hijos únicos de Dios o personificaciones de la deidad. El problema es que si Dios es negro, los blancos se sienten marginados, y si nace en África, los Asiáticos se preguntan porque no en su territorio. Cada tribu posee su propia deidad. En el modelo evolutivo personificar a Dios en un ser humano, es impensable, pues sería una forma gravísima de disminuir la Deidad. Todos siguen, persiguen y conciben un principio creador inalcanzable, infinito, absoluto y perfecto. En las sociedades evolutivas, Dios es y habita en cada hálito de vida en cada microbio en cada partícula de la naturaleza. Es por ello que todo es digno de respeto y de amor, que nada puede ser destruido. Todo vive en un devenir perfecto. En las sociedades espirituales, se sale de adorar a un madero en una iglesia y se quema un bosque impunemente o se bendice un submarino atómico en nombre de Dios o se reza hoy y mañana se fabrica una bomba capaz de matar a millones de seres humanos. En las sociedades espirituales es bueno inmolarse en nombre de Dios, puesto que al otro lado de la muerte el mártir es recompensado con cientos de doncellas, comidas, paraísos y tratos de favor.

En el modelo evolutivo matar una simple lombriz es un acto grave, pues la lombriz de hoy, mañana será serpiente, pasado mañana se pondrá de pié y dentro de millones de años será un ser antropomórfico repleto de experiencias, capaz de albergar un espíritu. En las sociedades espirituales se suplica a los muertos y se les adora en los cuadros, iglesias e iconografías de los mismos. En las sociedades evolutivas, hasta los niños saben que la muerte no existe, pues el espíritu no puede morir de ninguna manera. En las sociedades experimentadas se sabe que solo “los muertos se ocupan de los muertos”.

En la Tierra se levantan estatuas a héroes, que en nombre de la patria mataron a miles de enemigos. En las sociedades evolutivas, cualquier ser que mate a miles de personas, por el motivo que sea, no es digno de respeto ni de reconocimiento. Nadie pude concebir que un ser humano mate a otro por una bandera, una frontera o una constitución. La vida en estas sociedades es divina y merece el cuidado y el respeto absoluto. En el modelo espiritual morir o matar en nombre de principios, dioses o preceptos complace a Dios.

San Francisco de Asís es un digno modelo espiritual, reverenciado y admirado por millones de seres, que conciben a Dios de esta manera. Estos seres son absolutamente respetables. Son el carpintero que hace maravillas con madera y clavos. Pero que no han dado el paso evolutivo, que ya los niños recién nacidos intuyen y comienzan a construir. Serán estos niños, los que derriben las iglesias, quemen los recuerdos de dolor y de enfrentamiento religioso, para sustituirlos por una ética humanística, que practique la virtud por encima de cualquier fanatismo. El ser evolutivo del futuro; es decir el carpintero que además de clavos y madera tiene dos mil años más de evolución concibe a un ser evolutivo que: – Ama y cuida su cuerpo, pues sabe que es el templo del espíritu. Cuida su comida, hace deporte, no come productos insanos, ni alcohol, ni tabaco, ni come carnes, pues para comer carne, antes hay que matarlo. Y el propio amor y consideración de su propio cuerpo, le hace respetar en igual medida el cuerpo de su vecino o de cualquier ser vivo.

- Genera mediante el trabajo y la autodisciplina la riqueza necesaria para tener lo necesario y nunca lo superfluo. Y en igual medida trabaja para que sus semejantes tengan la misma dignidad económica o existencial. Un ser evolutivo jamás podría almacenar riqueza. Su fortuna debe ser la de las virtudes y nunca los elementos materiales. Nunca veréis a un ángel (extraterrestre) con un pantalón remendado o con una astronave remachada con hojalata. Todos los seres evolutivos tienen precisamente los medios para que su vida y la de sus semejantes sea conforme a la ética Universal. – Estudia, lee, se cultiva, investiga y aprende en todas las ramas del saber. En las sociedades evolutivas el sabio trabaja equilibradamente en la ciencia, en el humanismo, en la ética, en las ciencias naturales, en la ingeniería, etc. etc. Dedicar todo el tiempo al estudio de las escrituras sagradas se considera una pérdida de tiempo, y estudiar solo una rama del saber, una obsesión. En las sociedades superiores se cultiva proporcionalmente el cuerpo, el alma y el espíritu.

- Crea, construye y edifica su familia, su hogar, su casa. Ama, cuida y reverencia a sus antepasados y educa e instruye a sus hijos en la sabiduría de los sabios que le han precedido. En las sociedades evolutivas la casa propia tiene la misma consideración, cuidado y respeto que el propio planeta, y que la casa y morada de sus semejantes. Un ser evolutivo no corta un árbol, pues todos están contados y son válidos, no mata a un animal pues todos son una familia. No poluciona, ni produce ruidos, ni realiza pintadas, ni atenta contra la vida. – No se queda atado a los dogmas, del pasado. Aprende de los sabios, pero no adora a nadie. En las moradas de los seres superiores no se ven fotos de santos, ni seres humanos, sino flores, plantas y pinturas creativas y artísticas. En las sociedades evolutivas todo ser debe crear y mejorar el pasado. Todos son pintores, poetas, artistas, pero además científicos, filósofos, etc. etc.… En las sociedades evolutivas, se ama igual a tu propio hijo, que a los hijos de tus semejantes. Es inconcebible que un solo ser muera de hambre. – Nadie esta ocioso. Todos trabajan, todos cuidan de todos. Todos contribuyen al bien común, por encima de sus propios intereses personales. En las sociedades evolutivas la salud personal y pública es uno de los ideales perseguidos y valorados por encima de cualquier otro bien material.

- El ser evolutivo considera al hombre y mujer como idénticos en respeto, dignidad y personalidad. El matrimonio es una elección libre y dura tanto tiempo como el amor que se profesan. Tener un hijo es el resultado de dicho amor, y de un acto consciente, sagrado y respetuoso no solo para cada uno de los cónyuges, sino para el espíritu que desean reencarnar. – La muerte no es el final de todo, sino el comienzo de la verdadera vida. Nadie puede morir eternamente, ni deseándolo con todas sus fuerzas. En las sociedades evolucionadas la muerte es parte de la vida. No se pueden ver cultos a los muertos, ni fotos ni estatuas que les representen. La reencarnación es una de las verdades cósmicas aceptada por cualquier sociedad auto-realizada y consciente. – No existen sacerdotes, ni representantes de Dios. Un sacerdote y un científico son seres evolutivos, no existe el concepto espiritual como tal, ni unos son superiores a otros. Todos son necesarios, pero un oficio, una vocación, una profesión no es mejor que otra. Todos los seres evolutivos buscan la práctica de la virtud y se realizan en la ética colectiva. El Humanismo y el amor son las metas a alcanzar.

- El ser evolutivo se realiza mediante su vocación profesional. Todos los seres tienen derecho a realizarse profesionalmente en sus inclinaciones y habilidades. Pero nadie puede sustraerse a formar parte del colectivo social. En las sociedades perfectas, se conjuga con equilibrio entre la vocación personal y colectiva. – Mi individualidad es sagrada, pero no menos importante que el conjunto. El último niño nacido en las sociedades evolutivas es el ser más perfecto, el mejor de los sabios, puesto que el último de los nacidos reúne la información de todos los antepasados. – El templo en las sociedades evolucionadas está formado por paredes de quietud, de meditación, de introspección. No existen dogmas, ni religiones ni control del alma y del espíritu de cada individuo. No hay infiernos ni cielos, ni pecados. Solo consciencia o inconsciencia. Sabiduría o ignorancia. Es inconcebible para una sociedad superior estigmatizar las heridas de guerra del profeta de Dios o las llagas de Cristo. Una religión que eleva el dolor, la sangre y la muerte a valores espirituales, es la negación del más mínimo proceso evolutivo.

Ninguna sociedad del Cosmos puede vivir adorando a su dios correspondiente, mientras se fabrican bombas atómicas, capaces de destruir el planea a nivel de polvo, cuarenta veces seguidas. Pero lo que es aún más grave, ninguna sociedad evolucionada puede mandar capellanes a los ejércitos para bendecir a los que matan y a los que mueren en nombre de los valores espirituales, éticos o patrióticos, que nuestras sociedades citan. Después de aquella experiencia, a la semana siguiente, tuve un sueño, aún más perturbador, pues estando profundamente dormido, vi como mi cuerpo volvía a separarse y viajaba otra vez al templo. Dentro del mismo, vi llorando a Jesucristo, a Mahoma, a Buda, a Rama y a otros tantos seres que al parecer habían inspirado las religiones del mundo suplicándome que hiciera lo posible para que se destruyeran todos los templos, para que los seres humanos les dejaran en paz y no les invocaran, para que se dejara; de una vez por todas de invocar a Dios en su nombre. Aquella experiencia me hizo comprender la diferencia entre el ser espiritual y el ser evolutivo.

La era de Piscis ha terminado, pero los estertores de sus prácticas y hábitos todavía persisten en los viejos hábitos. En las religiones y dogmas, en los dioses, profetas e iluminados de cada opción espiritual. Aunque ahora suene a herejía, dentro de doscientos o trescientos años, Mahoma, Jesucristo, Buda o cualquier otro ser divino, formará parte de los hitos históricos. Serán anécdotas culturales. Nada más. Los iniciados que reencarnan en nuestros hijos y nietos, tienen la misión de destruir los templos, derribar a los dioses. Pues ellos saben, que “O enterramos a los dioses o los dioses nos entierran a todos” en guerras santas, herejías, dogmas, cismas, apostasías e infiernos. Todo es cuestión de tiempo. Tan solo hay que esperar a que los carpinteros del mañana tengan además de clavos y madera, nuevos materiales, nuevas herramientas y nuevas experiencias.

Finalmente el ser humano aprenderá a ver a Dios en la planta, en el búfalo, en el niño o en los amaneceres de este bello planeta. Finalmente el ser humano descubrirá que su cuerpo no termina en el límite de su piel, sino en la del lagarto o en el del arco iris que iluminará el mañana. Finalmente el ser humano dejara de ser espiritual para ser evolucionado.

Lice Moreno

ENTREVISTA A TOLLER -La mente la iluminacion-

No vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros


Eckhart nos señaliza un poco el camino de un modo casi provocativo: "no eres lo que piensas, deja de identificarte con la mente".

Eckhart fue investigador y supervisor en la Universidad de Cambridge. A los veintinueve años experimentó una profunda transformació n espiritual que cambió su vida. Dedicó los años siguientes a comprender, integrar y profundizar esa tranformación, que marcó el comienzo de un intenso viaje interior.

Entre sus libros cabe destacar "El Poder del Ahora" que le deparó innumerables lectores en todo el mundo y "El silencio habla", extraño e intrañable libro donde las palabras parecen susurrar desde el fondo de un profundo estado meditativo.

Lo que sigue es una entrevista en la que habla acerca de los obstáculos para la iluminación o lo que podríamos llamar "las trampas de la mente".

Pregunta: ¿Qué es la Iluminación?
Echart Tolle: Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de 30 años. Un día pasó por allí un extraño. "¿Tienes algunas monedas?", murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. "No tengo nada que darte", respondió el extraño. Y luego preguntó, "¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?". "Nada", replicó el mendigo, "sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria". "¿Alguna vez has mirado en su interior?", preguntó el extraño. "No", respondió el mendigo, "¿Para qué? No hay nada adentro". "Echa una ojeada", insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro.


Yo soy ese extraño que no tiene nada para darte y que te dice que mires en tu interior. No dentro de alguna caja -como en la parábola- sino en un lugar aún más cercano: dentro de ti mismo. "Pero no soy un mendigo", te puedo oír decir.


Aquellos que no han descubierto su verdadera riqueza -la brillante joya del Ser y la profunda e inalterable paz que se encuentra en ese lugar-, son mendigos, aún cuando tengan gran riqueza material. Buscan externamente desechos de placer o plenitud -para la validación, la seguridad o el amor-, mientras en su interior tienen un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas, sino que es infinitamente más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.


La palabra "iluminación" evoca la idea de algún logro sobrehumano, y al ego le gusta verlo así; sin embargo, se trata simplemente de tu estado natural sentido de unión con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, eres tú en esencia y que, sin embargo, es mucho más grande que tú. Es el encuentro de tu verdadera naturaleza, más allá de nombres y formas. La incapacidad de encontrar esta conexión da origen a la ilusión de separación de ti mismo y del mundo que te rodea. Te percibes entonces a ti mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el temor, y el conflicto -interno y externo- se vuelve habitual.


Me gusta la sencilla manera en que el Buda define el estado de iluminación: "el fin del sufrimiento". ¿Hay acaso algo sobrehumano en esto? Por supuesto, como definición es incompleta. Sólo te dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento. Pero, ¿qué es lo que queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda guarda silencio al respecto, y su silencio implica que tendrás que descubrir eso por ti mismo. Utiliza una definición negativa, de modo que la mente no pueda transformarlo en algo en qué creer o en algún logro sobrehumano, en una meta que te sea imposible alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas sigue creyendo que la iluminación es para el Buda -no para ellos- al menos por esta vida.

Pregunta: Utilizaste la palabra "Ser". ¿Puedes explicar a qué te refieres con eso?
Eckhart Tolle: El Ser es la Vida Única eterna y omnipresente que se encuentra más allá de las innumerables formas de vida que se hallan sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo se halla más allá sino en la profundidad de cada forma, como su esencia más interna, invisible e indestructible. Esto significa que eso está a tu alcance ahora, como tu naturaleza más verdadera, tu yo más profundo. Pero no intentes comprenderla con la mente. No trates de comprenderla. Sólo puedes conocerla cuando la mente está quieta. Cuando estás presente, cuando tu atención se halla en forma total e intensa en el Ahora, podrás sentir al Ser, pero nunca podrá ser comprendido con la mente. Tomar nuevamente conciencia del Ser y vivir en ese estado de "conciencia sentida" es la iluminación.

Pregunta: Cuando dices Ser, ¿estás hablando de Dios? Y si lo estás, ¿por qué no usas esa palabra?
Eckhart Tolle: La palabra "Dios" ha perdido completamente su significado, a través de miles de años de mal uso. La utilizo a veces, muy escasamente. Por "mal uso", me refiero a que personas que nunca han tenido siquiera un atisbo del ámbito de lo sagrado, de la infinita inmensidad existente detrás de esa palabra, la utilizan con gran convicción, como si supieran de lo que hablan. O bien, argumentan en su contra, como si supieran qué es lo que están negando. Este mal uso origina creencias, afirmaciones e ilusiones egóticas absurdas, como "Mi Dios o nuestro Dios es el único dios verdadero, y el tuyo es falso", o la famosa frase de Nietzche: "Dios ha muerto".
La palabra Dios se ha transformado en un concepto cerrado. Apenas la palabra es pronunciada, se forma una imagen mental -quizás ya no de un anciano de barba blanca-, pero sigue siendo una representació n mental de alguien o algo fuera de ti; y, sí, casi inevitablemente un algo o alguien masculino.


Ni "Dios" ni el "Ser" ni ninguna otra palabra pueden definir o explicar la inefable realidad que se halla detrás de la palabra, de modo que la única pregunta importante es si la palabra es una ayuda o un obstáculo en cuanto a permitirte experimentar Aquello a lo cual apunta. ¿Apunta acaso más allá de sí misma, hacia esa realidad trascendente, o se presta muy fácilmente a transformarse en nada más que una idea, una creencia en tu cabeza, un ídolo mental?


La palabra "Ser" no explica nada, pero tampoco la palabra "Dios". "Ser", sin embargo, tiene la ventaja de ser un concepto abierto: no reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental de él. Nadie puede adjudicarse la posesión exclusiva del Ser. Es tu esencia misma, y te es accesible de inmediato como la sensación de tu propia presencia, la sensación de "Yo soy" previa a "Yo soy esto o lo otro". Así que sólo hay un pequeño paso entre la palabra "Ser" y experimentar el Ser.


Pregunta: ¿Cuál es el mayor obstáculo para experimentar esta realidad?
Eckhart Tolle: La identificació n con tu mente, lo que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. No poder dejar de pensar es una espantosa calamidad, pero no nos damos cuenta de esto porque casi todo el mundo la sufre, así que es considerada "normal". Este ruido mental incesante te impide hallar ese dominio de quietud interna que es inseparable del Ser. Esto también crea un falso "yo" -fabricado por la mente-, que extiende una sombra de temor y sufrimiento. Examinaremos todo eso en más detalle más adelante.


El filósofo Descartes creyó haber encontrado la verdad más fundamental cuando formuló su famosa frase: "Pienso, luego existo". De hecho, expresó con eso el error más fundamental: igualar el pensar con el Ser y la identidad con el pensar. El pensador compulsivo -y casi todo el mundo lo es- vive en un estado de aparente separación, en un insanamente complejo mundo de problemas y conflictos continuos, un mundo que refleja la creciente fragmentación de la mente. La iluminación es un estado de "completitud", de "ser uno", y por tanto se está en paz. Se es uno con la vida en su aspecto manifiesto -el mundo- así como con tu yo más profundo y la vida no manifiesta -uno con el Ser-. La iluminación no es sólo el fin del sufrimiento y del continuo conflicto interno y externo, sino también el fin de la horrible esclavitud del pensar incesante. ¡Qué increíble liberación es!

Identificarte con tu mente genera una cortina opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que impiden toda relación verdadera. La cortina se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y los demás hombres y mujeres, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios. Es esta cortina de pensamiento la que crea la ilusión de la separación, la ilusión de que hay un tú y un "otro" enteramente separado. Olvidas entonces la realidad esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y las formas separadas, eres uno con todo lo que existe. Con "olvidas", me refiero a que ya no logras sentir esta unión como una realidad evidente por sí misma. Puedes creer que es así, pero ya no sabes si lo es o no. Una creencia puede ser tranquilizadora. Sólo es liberadora, sin embargo, a través de tu propia experiencia.

Pensar se ha vuelto una enfermedad. La enfermedad se presenta cuando las cosas se desequilibran. Por ejemplo, no hay nada malo con que las células se dividan y multipliquen en el cuerpo, pero cuando este proceso prosigue en forma independiente del organismo completo, las células proliferan y tendremos una enfermedad.

La mente es un instrumento soberbio si la usamos correctamente. Si se le usa en forma incorrecta, sin embargo, se vuelve muy destructiva. Para ser más preciso, no se trata tanto de que uses tu mente del modo incorrecto -en general no la usas para nada-. Ella te usa. Ésa es la enfermedad. Crees que eres tu mente. Ese es el delirio. El instrumento se ha apropiado de ti.


Pregunta: No estoy enteramente de acuerdo. Es cierto que pienso mucho sin sentido alguno -como la mayoría de las personas-, pero aún puedo utilizar mi mente para lograr cosas, y hago eso todo el tiempo.
Eckhart Tolle: Sólo porque puedes resolver un acertijo de palabras o construir una bomba atómica, no significa que puedes utilizar tu mente. Tal como a los perros les encanta morder huesos, a la mente le encanta hincarle sus dientes a los problemas. Es por eso que resuelve acertijos y construye bombas atómicas. A ti no te interesan esas cosas. Permíteme preguntarte esto: ¿puedes liberarte de tu mente cada vez que quieres? ¿Has hallado el botón que detiene todo el mecanismo?

Pregunta: ¿Te refieres a dejar de pensar? No, no puedo hacerlo, excepto quizás por unos instantes.
Eckhart Tolle: Entonces la mente te utiliza a ti. Inconscientemente, te has identificado con ella, de modo que ni siquiera te das cuenta de que eres su esclavo. Es casi como si fueses poseído sin darte cuenta: crees que la entidad que se posesionó de ti eres tú mismo. La libertad se inicia dándote cuenta de que no eres esa entidad que se posesionó de ti -el pensador- Saber esto te permite observar a la entidad. Apenas comienzas a observar al pensador, comienza a activarse un nivel más alto de conciencia. Comienzas entonces a darte cuenta de que hay un enorme ámbito de inteligencia más allá del pensamiento, y que ese pensamiento es sólo un diminuto aspecto de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas que realmente importan -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interior- tienen su origen más allá de la mente. Comienzas a despertar

20 de mayo de 2011

LA MENTE un tirano invisible?

Eckhart nos señaliza un poco el camino de un modo casi provocativo: "no eres lo que piensas, deja de identificarte con la mente".

Por experiencia personal y por el trabajo con los consultantes
hago eco de Toller y de una gran maestra Byron Katie, que me ha enseñado a ser.

Somos nuestros  pensamientos?
No.

El cerebro tiene como función crear pensamientos, tal como el corazón cumple la función de bombear la sangre de todo el cuerpo y está diseñado para hacerlo, el cerebro tiene como función crear pensamientos  y está diseñado para ello.

Los pensamientos se forman gracias a la conjugación de múltiples factores. Los básicos son; Las sensaciones, las percepciones y las Creencias - Que son pensamientos que a fuerza de repetirse se han convertido en creencias-.

Entonces, somos el resultado de la co-funcion de  varios órganos? en este caso el Cerebro y los organos de los sentidos? No.
Somos aquel que decide que pensamientos son verdad y cuáles no.
Es decir, aquel que elige a que pensamientos se adhiere y a cuáles no.

La Neuropsicología entre otras ciencias, ha demostrado que los pensamientos determinan los sentimientos y que los sentimientos determinan el comportamiento.
Ni unos ni otros se suceden por generación espontanea!.Uno determina al otro y este al siguiente.

Los pensamientos a los que la consciencia se haya adherido determinan los sentimientos que se perciben y estos condicionan por no decir que determinan las acciones que se realizan, por supuesto este ciclo es una danza permanente.

Y para qué sirve esto?
Para saber que somos libres de la mente.
Sí. somos LIBRES pero no lo sabemos.
Podemos entonces elegir que pensar, que sentir como consecuencia de lo que pensamos y como actuamos que es en ultimas el resultado de lo que pensamos y sentimos? SI

Como cambias tus acciones? modificando tus sentimientos
Como cambias tus sentimientos? modificando tus pensamientos
Como cambias tus pensamientos? usa The Work y te haces libre

The Work, una técnica de indagación que te permite saber si es verdad lo que piensas.
LA VERDAD PARA TI.
Una técnica de Indagación que se convierte en una MEDITACIÓN ACTIVA que te permite ser libre de la loca de la casa...LA MENTE.


A continuacion apartes de una entrevista a TOLLER,
que encontraras completa en otra entrada.

No vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros TOLLER

Pregunta: ¿Cuál es el mayor obstáculo para experimentar esta realidad?
Eckhart Tolle
: La identificació n con tu mente, lo que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. No poder dejar de pensar es una espantosa calamidad, pero no nos damos cuenta de esto porque casi todo el mundo la sufre, así que es considerada "normal". Este ruido mental incesante te impide hallar ese dominio de quietud interna que es inseparable del Ser. Esto también crea un falso "yo" -fabricado por la mente-, que extiende una sombra de temor y sufrimiento.

Pregunta: Utilizaste la palabra "Ser". ¿Puedes explicar a qué te refieres con eso?
Eckhart Tolle: El Ser es la Vida Única eterna y omnipresente que se encuentra más allá de las innumerables formas de vida que se hallan sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo se halla más allá sino en la profundidad de cada forma, como su esencia más interna, invisible e indestructible. Esto significa que eso está a tu alcance ahora, como tu naturaleza más verdadera, tu yo más profundo. Pero no intentes comprenderla con la mente. No trates de comprenderla. Sólo puedes conocerla cuando la mente está quieta. Cuando estás presente, cuando tu atención se halla en forma total e intensa en el Ahora, podrás sentir al Ser, pero nunca podrá ser comprendido con la mente. Tomar nuevamente conciencia del Ser y vivir en ese estado de "conciencia sentida" es la iluminación.

Seguire ampliando esta informacion.
sin embargo puedes revisar en www.thework.com